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La comunidad B en México

“Ámate, enorgullécete y sobre todo
cree en la bonita persona que eres”.
 

Este 23 de septiembre se cumplen diecinueves años del inicio de una celebración poco conocida por nuestra sociedad y que vio su primera edición en California, Estados Unidos, gracias a tres activistas bisexuales (Wendy Curry, Michael Page y Gigi Raven): el Día Internacional de la Bisexualidad.

Concebida como un espacio para visibilizar a la comunidad B, ésta ha posibilitado el debate y el intercambio de ideas sobre este tema; hoy por hoy, La academia, la comunidad LGBT+, fundaciones y demás organismos sociales se sientan año con año a discutir acerca de la realidad y la situación de la gente bisexual en la cultura heterosexual y homosexual.

Si bien no podemos negar que letra B tiene presencia en estos foros de discusión, tampoco podemos ignorar que dicha celebración no termina de cumplir con su objetivo primigenio: la visibilización de las personas bisexuales.

La discusión, el debate y el diálogo existen, pero la mayoría de estos son conducidos por personas heterosexuales u homosexuales, en vez de personas que se identifican como bisexuales. En consecuencia, existen dos grandes obstáculos que no dan paso a una visibilización como tal.

El primer obstáculo a superar es la poca participación de hombres y mujeres bisexuales al frente de organizaciones sociales, siendo éstas asociaciones civiles, fundaciones, centros de educación sobre sexualidad, entre otras. Ejemplos de ello es la ausencia de personas bi en la mayoría de comités LGBT+ o la existencia de pocas asociaciones bisexuales.

El segundo obstáculo está enteramente ligado al primero. Éste tiene que ver con la poca perspectiva bisexual: no se puede pretender que a partir de las perspectivas heteronormadas y homonormadas se entienda a la cultura B. Esto por los simples hechos de que el tipo de discriminación, la identidad, los miedos y la información existente son distintos entre las comunidades heterosexual, homosexual y bisexual.

Muchas pueden ser las razones del porqué miembros de la comunidad B no se hacen presentes. Lo primero que podríamos pensar es que la gente bisexual es poca. De hecho, muchos de nosotros sin dudar podemos contar con los dedos de las manos las personas bisexuales que conocemos… y nos sobrarían dedos. Pero la realidad es distinta. En la publicación “Informe sobre la Situación de las Bisexualidades en la Ciudad de México” de Jorge Yáñez López, se nos muestra una estimación del porcentaje de personas identificadas con esta orientación sexual: 20% de las personas que viven en la Ciudad de México son bisexuales1. Esto es aproximadamente 1,783,730 de personas, si nos basamos en el número de habitantes de la capital del país reportado en el 2015 por el Inegi.

Partiendo de lo anterior, nos damos cuenta que la existencia de bisexuales no es la causa de que no existan bisexuales conduciendo estos organismo o al menos no es la primera causa. Quizá la causa principal sea la bifobia imperante en la sociedad, que a su vez provoca, de forma directa o indirecta, que a las personas bisexuales les cueste identificarse con su propio colectivo.

La bifobia, al igual que la discriminación que sufren otros miembros de la comunidad LGBT+, puede provocar que las personas no se asuman como lo que son. Y si a esto le sumamos que la discriminación hacia los hombres y mujeres bisexuales viene de dos frentes, tanto de personas homosexuales como heterosexuales; la poca información a la mano sobre este tema; y los tabús, vamos a poder dimensionar en cierta medida el porqué de la ausencia de una comunidad bisexual en toda su expresión.

Claro que existen personas heterosexuales y homosexuales que pueden guiar y acompañar el trabajo del colectivo bisexual. Claro que ellos pueden hablar, debatir, realizar foros para el intercambio de ideas y hasta hacer películas sobre esta temática. No hay duda de ello. Pero para que un movimiento pueda perdurar, se hable de políticas públicas para este colectivo, se eliminen tabús, se discutan temas sobre educación sexual y se erradique la bifobia, el primer paso que debemos dar como comunidad es aceptarnos y trabajar de la mano con personas dentro de nuestro mismo colectivo. Sin olvidarnos de que formamos parte de un colectivo aún mayor: la diversidad sexual.

 

Texto por Guillermo Valdés Pérez.

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