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Lo hice pensando en ti

Día 73 en Trappist-1G

8:07 horas.

Usuario: Comandante Sara Odili

Mensaje de texto para: Jennifer Magoro

 

Jenny, corazón mío, soy Sara. Lamento tanto la tardanza titánica, pero apenas pudimos restablecer la comunicación aquí. Además, te mando mensaje por que las comunicaciones en audio no están listas y los textos son más fáciles de enviar hasta la Tierra.

Bien, te contaré qué ha pasado desde la última vez que nos comunicamos, cuando apenas entrábamos al sistema solar de Trappist-1, como ya sabes.

Aterrizamos hace 73 días en el planeta G, el sexto de este sistema solar. El planeta es rocoso mayoritariamente, pero tiene océanos de agua líquida y una atmósfera y masas parecidas a las de la Tierra, por lo que la gravedad aquí es bastante similar a la que tú sientes en casa. El aire contiene menos oxígeno y más hidrógeno y helio, por lo que sólo podemos estar al aire libre por unas horas a menos que usemos un respirador especial. La vegetación es rara, hemos visto una clase de pastizal violeta ondulado y unos árboles con hojas negras y circulares. Los días duran 13 horas más que en la Tierra y la estrella Trappist-1 ilumina con un extraño brillo color ladrillo, tenemos que usar unos visores para que nuestra vista se adecue a esta radiación. En el cielo diurno a veces se ve alguno de los otros planetas. Es alucinante.

Encontramos un río con agua llena de fósforo, la cual podemos tratar con filtros nanotecnológicos. Nos establecimos ahí y fundamos la colonia. En los primeros días nos dedicamos a instalar la base principal y el centro de estudios junto a nuestra nave. El motor de la nave, alimentado por antimateria, aún nos provee de toda la energía eléctrica y calefacción que necesitamos, y aún tenemos mucha comida que trajimos de la Tierra, aunque pronto cosecharemos la nuestra. Los científicos, emocionados, empezaron a observar y a analizar todo lo que se encontraban. Los de exploración, mediante drones, nos informan de los alrededores con temor y maravilla al mismo tiempo. Los constructores hacen el trabajo más arduo e importante de ampliar nuestro asentamiento y nosotros nos encargamos de vigilar y proteger ante cualquier posible amenaza.

Un mes y medio después llegó el gran problema.

Los exploradores reportaron haber descubierto unas cuevas no muy lejanas a nuestro asentamiento, avistaron y fotografiaron varios minerales y materiales que la división científica analizó y determinó que podrían ser de gran valor. Se decidió entonces mandar un pequeño grupo minero y unos cuantos investigadores, escoltados por nosotras, la división de seguridad.

Llegamos al siguiente día, las cuevas se encontraban bajo una gran montaña cubierta por una rara arena azulada y vegetación gris. Cuando entramos en las cuevas, y una vez que encendimos las lámparas, nos quedamos sorprendidos; las paredes estaban cubiertas de toda clase de materiales que reflejaban nuestra luz. Metales, piedras y minerales de muchos colores y formas. El grupo minero comenzó a extraer con herramientas láser y vibratorias todo lo que se encontraban, mientras que los investigadores, emocionados, observaban y tomaban muestras.

Pero mientras esto sucedía, una de mis guardias me informó que escuchaba algo por dentro de las paredes. Cuando me acerqué yo misma, también lo percibí, una cierta vibración no muy lejana. Pronto aquello se acrecentó, los mineros e investigadores también lo identificaron, algo estaba dentro de las paredes de la cueva, sin embargo los sensores no detectaban nada. Fue entonces que los escuchamos. Se oyó una especie de voz aguda que articulaba sonidos extraños; era un idioma primitivo. No era algo animal, todos sentimos que eran expresiones bien formadas, inteligentes. Luego hubo un rato de silencio, como si esperaran una respuesta. Ordené a todos que abandonáramos la cueva y dejáramos ahí todo lo que se había extraído. Uno de los investigadores se negó rotundamente y dijo que no se iría sin esos materiales, tomó una caja llena de minerales y se apresuró a la salida de la cueva. Los demás lo seguimos, abandonando rápidamente aquel lugar. Alcanzamos a escuchar gritos y exclamaciones violentas provenientes de la cueva.

Reportamos lo ocurrido y las autoridades lo tomaron en cuenta. Esa noche nos ordenaron vigilar la nave y el asentamiento sin descuidos. Y aunque creíamos que nuestra vigilancia estaba bien cubierta, nos equivocamos. Antes de que amaneciera, en el laboratorio del investigador que se llevó lo minerales, había un enorme agujero en el suelo, y no estaban ni los minerales ni el investigador. Todos enloquecimos con la noticia. Cuando la mañana llegó, se nos ordenó a todos que descubriéramos la amenaza que nos atacó y, de ser necesario, que la eliminásemos. La división científica usó unos radares sumamente precisos que no sehabían utilizado hasta entonces y descubrimos que debajo de nosotros, había varios túneles vacíos. Unas criaturas subterráneas nos atacaban. Te juro que yo sentía mucho miedo, Jenny, pero como comandante, no debía demostrarlo.

Rápidamente se organizó un plan de ataque, los altos mandos estaban decididos a acabar con aquella amenaza. Después de varias reuniones, se llegó al acuerdo de que se usarían misiles guiados por ondas sonoras que irían por los túneles hasta llegar al lugar de origen de aquellas criaturas. Todos quedaron satisfechos con el plan, solamente Alejandre pidió que no hubiera exterminio total de aquella especie, ya que deseaba conservar alguna para su estudio. Le concedieron el deseo. Por lo que antes de iniciar el ataque, tenderían una trampa para atrapar a una de esas criaturas. Al día siguiente uno de los drones exploradores se modificó para extraer y almacenar minerales, lo mandaron hasta la cueva, exitosamente extrajo mucho material y voló hasta cierta parte del río donde nos asentamos. Una criatura salió del suelo para perseguir al dron y fue entonces cuando la emboscamos y atrapamos. La vimos mejor, y era algo muy raro; tenía un cuerpo humanoide pequeño y alargado de color arena, dos extremidades delanteras con garras grandes, una larga especie de nariz con pequeñas protuberancias blandas, una boca grande y dos de hendiduras en vez de ojos.

Alejandre obtuvo la criatura y la mantuvo en su laboratorio, donde, después de analizarla, encontró cual tipo de gas sería mortal para su especie, mismo gas que se usaría en los misiles. Una semana después, quitando varias partes de la nave, se lograron construir los misiles. Me encargaron la operación de lanzamiento, disparamos diez misiles a través del agujero que dejaron en el laboratorio del investigador secuestrado. Mediante técnicas sónicas y control de vuelo, los guiamos por los túneles que dejaron. Las cámaras instaladas en los misiles, descubrimos el enorme sistema de túneles y cuevas que tenían. Cuando los misiles exploraron lo suficiente, los hicimos detonar en puntos estratégicos propagando el gas por cada cavidad subterránea posible. Tan rápido se expandió, que tuvimos que tapar el agujero que dejaron en el laboratorio. Una hora después, se enviaron varios drones con los radares de precisión y camaras térmicas. Los resultados fueron contundentes, no quedaba ni un solo ser vivo.

Todos se alegraron y celebraron la victoria pero, muy en el fondo, yo me preocupé. Extinguimos una especie que quizá, no tenía culpa alguna.Después de todo, sólo se defendían de unos invasores que llegaron a sus cuevas y que querían llevarse algo que era suyo. Además, se trataba de una raza con mucha inteligencia, como me comentó Alejandre poco después. Tenían un sistema de organización básico pero eficiente, y hasta tenían su propia lengua. ¿Hicimos lo correcto, Jenny? La verdad no lo sé, y te escribo esto porque acabo de realizar una acción… controvertida.

 Hace unas horas, después de que Alejandre descubrió que la criatura en su laboratorio estaba preñada, lo decidí, la ayudaría a escapar, pensando sobre todo que era algo que tú harías. Di las ordenes adecuadas para dejar sin vigilancia cierta parte de nuestro asentamiento, entré al laboratorio, disparé somníferos a la criatura y, en una gran caja de transporte de equipo de laboratorio, la saqué de ahí. Escapamos del asentamiento en uno de los vehículos eléctricos de exploración y la llevé a unas colinas alejadas, ya que no la podía llevar de nuevo a las cuevas, mañana se reanudará la minería. Liberé entonces a la criatura y, antes de irse, volteó hacia mí y se inclinó ligeramente. Con movimientos torpes y lentos, se alejó hacia la falda de la colina.

Regresé a mi habitación sin ser descubierta y comencé a escribir este mensaje para ti.No tardarán en darse cuenta de que la criatura escapó, y sin duda descubrirán que yo la ayudé. No sé lo que vaya a ser de mí dentro de poco, pero quiero que sepas que te adoro, te extraño, te amo. Y pienso en ti cada vez que puedo. Te prometo que regresaré a la Tierra y me verás otra vez, Jenny.

Siempre tuya, Sara.

 

Texto por Enrique Hernández Muñoz e ilustración por Oscar Pinto. Texto ganador del primer lugar de la convocatoria de cuento corto de ciencia ficción y fantasía. 

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