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reo que somos tan hombres como mujeres. Nosotras no entendemos de luchas de género. Por eso peleamos por la igualdad. Y la igualdad pasa por comprender que dentro de cada uno de nosotros hay un hombre y hay una mujer. Creo, sentido común. Ambos pueden vivir entrelazados. Fuera de concepciones sociales, infinitos. 

Esta sesión de fotos nació con el propósito de celebrar lo masculino y lo femenino que hay en todos nosotros. De intentar poner pausa a lo que estamos viviendo actualmente. De poner una mirada más espiritual y no tan social-política-legislativa o biológica sobre lo que acontece. La discusión sobre la femineidad está en su punto más álgido. Y creo que las batallas que se están peleando ahora son consecuencia de una falta de entendimiento del ecosistema mental que tenemos como seres humanos.

Hace poco ví una película de Netflix, I am not an easy man, que mostraba una sociedad distópica en la que los roles sociales entre hombres y mujeres estaban invertidos. Ellos, objetivizados y denostados en sus entornos profesionales. Ellas, empoderadas y desprovistas de emocionalidad y empatía hacia el sexo “débil” masculino. Y la película tenía gracia. Vaya si la tenía. Pero había una realidad mucho más incómoda en esa sociedad: la constante lucha y competencia entre los dos géneros.

Esta foto lo que quiere no es poner una batalla al hombre. Lo que quiere es celebrar precisamente la masculinidad que todas llevamos dentro y por ende celebrar la masculinidad como identidad. Sí, los niveles de testosterona también existen en la mujer. Varían según el momento de vida. Pero que existe, la ciencia así lo demuestra. No somos sólo estrógenos.

La identidad pasa por un código binario obsoleto. Sí, hay cabida para la diversidad, también para la transexualidad o la intersexualidad. Y también para seres expansivos de todo su potencial. Cuando entonamos un discurso feminista podemos caer en que esa diversidad no existiera. El grito de guerra de la igualdad no es otro que el de permitirnos autodefinirnos y acceder a un sistema de derechos equitativos. Y eso pasa por comprender que la mujer es también hombre y viceversa.

 

Texto y fotografía por Raquel Bañón Sodini originalmente publicada en www.raki.carbonmade.com

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