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Futbol contra la LGBT+fobia

Silbatazo inicial. Los gritos en la grada son eufóricos.

Entre balonazos y pases, un cañonazo golpea en un rostro:¡Tranquilo, la vas a matar perro!.

El árido mundo del futbol se mantiene en la burbuja de machismo, homofobia y racismo;

por lo que equipos como el que está en la cancha resultan un oasis de inclusión.

 

Primer tiempo 

La sombra de Edyam es corta y muy delgada. Tiene una sonrisa alegre. Una mirada brillante. Una altura de 1.68 y una zancada rápida. Constantemente llama a ver los partidos en que participa, a seguir al equipo. Su contraste con Justin Fashanu, el primer futbolista abiertamente declarado homosexual, es notable: sus tiempos y equipos son casi diametralmente opuestos.

 

Fashanu entre los años ochenta y noventa del siglo pasado, militó por varios clubes deportivos que se desentendieron del acoso y agresión que el jugador vivió. Edyam milita en un equipo de futbol formado por personas de la Comunidad LGBT+ cuyas edades oscilan entre los 16 y 45 años quienes se unen a través de la aspiración deportiva de encontrar en el futbol un espacio de inclusión.  Apertura a la diversidad en el juego considerado machista por excelencia.

 

“En realidad fue muy raro integrarme, la verdad es que el futbol no me gustaba, se me hacía salvaje, primitivo; cuando me contaron del equipo se me hizo padre por que un equipo LGBT friendly, que les importe que la gente aprenda y se desarrolle, eso me hace sentir cómodo.

 

“Pero el equipo no es un equipo que separa: también integramos a niños heteros al juego y son super cool. El proyecto del equipo no solo se reserva a personas LGBT,  sino entendemos que todos somos personas. Ayuda más a la sociedad un equipo que integra todos los aspectos de la diversidad sexual que uno que separa por este mismo aspecto. Además el equipo que se esfuerza en visibilizar también el lado femenino del deporte: tenemos a una chica trans y a una chica hetero jugando con nosotros. Más que de machos, es un deporte de esfuerzo, resistencia y coordinación y trabajo en equipo que lo puede hacer cualquier persona sin importar su género o su identidad sexual.”

 

“Todo el mundo trae un bagaje del lenguaje futbolístico tradicionalmente machista y misógina. Por ello estamos muy conscientes del uso del lenguaje, no es un código escrito que no gritamos “Puto”, ni “Joto” ni esas cosas, y que eso es parte del deporte de diversidad, cambiar las conductas y nuestro comportamiento en el campo; por ello procuramos no caer en provocaciones, aunque no hay muchas reacciones adversas.”

 

La voz de Edyam contrasta entre sus respuestas y el griterío: mientras que en una la voz es cuidada y modulada, en la otra acción la voz parece quebrarle la garganta y amenaza con hacerlo escupir el pulmón.

 

“Llevo un año en el equipo y ya he aprendido un chorro de cosas: a patear el balón, ja, ja, ja, a correr. Es muy cabrón trabajar en un deporte de equipo, es aprender a integrarte y trabajar con los demás y entender cómo dependes a fuerza de tus compañeros y como ellos dependen de ti. Es un deporte que saca el lado más animal de ti, pero ese mismo compromiso es lo que te motiva a hacerlo bien. Hace un año que entré por primera vez me dijeron: ‘Ándale, es que no nos acompletamos. Tú solo ve por el balón y patéalo.’ Y como medio eso hago, veo el balón y lo pateo. Eso sí, corro un chorro y siempre termino muerto.”

 

“El juego más bonito hasta el momento fue cuando mis papás me fueron a ver, por que uno: supieron que era gay y dos: se dieron cuenta que jugaba en un equipo LGBT. Fue bonito verlos inmersos, echándome porras; no metí gol pero fue muy padre vieran que sí hago algo en el juego.“

 

Sus gritos parecen haber logrado su cometido: su equipo ha ganado el encuentro.

 

Medio tiempo

 

En el ramo femenil, Azkatl manifiesta su dominio. Victoria Gaona, madre de 47 años, grita y se emociona ante cada golpe al balón. Karen, una de sus tres hijas asesta un cañonazo fortísimo, el cual es detenido a duras penas por la portera rival, quien se soba la mano después del impacto. “Cálmate Karen, ¿Eres chacal o qué eres?”, gritan desde la tribuna. “Cálmate Carlitos con mija’ ¡Dale gorda!”, responde Victoria entre risas.

 

Ella es la portera titular del equipo, quien ahora se encuentra en banca por orden médica. Pero ni su reciente operación -ni el que esté cargando a un temeroso perrito chihuahua- le impide lanzar porras en favor de sus hijas en la cancha.  “Mis hijas son ellas, y esa de allá es mi nuera. Mira, ese va a ser gol. ¡Gol! Bravooo gorda. Imagínate, ya llevo diez años en esto así que ya me la sé cuando sí lo van a meter, o no. Desde que era chiquita mija’ le gustaba el futbol y pues se la fueron jalando a equipos más grandes y más grandes. Aquí en el futbol conoció a su pareja y míranos aquí estamos, cargando hasta con el perrihijo de ellas, apoyándolas.”  En sus vítores no aparece algún rasgo de machismo.

 

El machismo del futbol mexicano es manifiesto cuando no hay promoción ni atención a la rama femenil. Las pocas jugadoras que han destacado en este deporte han tenido que emigrar hacia Europa en búsqueda de nuevas oportunidades y el reconocimiento que su propio país no les da. Sobra decir que la disidencia sexual de las jugadoras también las ha puesto en riesgo de ataques lesbofóbicos.

 

Pongamos la lupa sobre dos casos de mujeres a reflexionar en el deporte: Maribel Domínguez, Marigol, jugadora profesional que fue contratada por el Celaya para jugar en la rama varonil tuvo que ser despedida al no recibir la aprobación ni de la FIFA ni de la FMI para ejercer su oficio en estas condiciones: Los niños con los niños y las niñas con las niñas. Marion Reimers, la excelente comentarista y analista deportiva ha sido relegada por la cadena FOX SPORTS a relatar algunos partidos pequeños, cuando sus sobradas y manifiestas capacidades narrativas, analiticas y entrevistadoras, superan por mucho a varios de sus compañeros varones.

 

Victoria por momentos se queda callada, pues ojos tan abiertos como platos no dejan de seguir la acción en la cancha. Sus manoteos y brincos dan a notar cuánto deseo tiene de entrar a jugar, encontrarse cara a cara con la energía que el balón emana.  Al preguntársele por la Comunidad LGBT+, su rostro se ilumina y la sonrisa se instala casi de forma permanente en el rostro. “Mi hija tiene su pareja, ¿Cómo no voy a amarlos? Imagínate, ellos me ha dado alegría y cariño. Yo les he dado todo lo que he podido, hasta  de comer en la cancha. Yo las y los amo, los quiero mucho. ¿No te dije que iban a ganar?”

 

Sus hijas salen del campo. Han ganado el juego y con satisfacción festejan el trabajo realizado.

 

 

Segundo tiempo

 

Los gritos en las gradas son estremecedores y apabullantes. Son esta clase de aullidos de manada tras la presa que dan la mejor descripción de lo que sucede en la cancha al inicio del segundo partido: ¡Ve, ve! ¡Vamos equipo! ¡Ya te perdiste! ¡Vamos señoras! ¡No brinquen, saquenla! ¡Pégale al poste, usa la pared! ¡Ea, ea, sin balón profe! ¡Bien  bien!, ¡Toquen toquen, denle calma! ¡Ya la pensaste mucho! ¡Eso cabrón! ¿Y quién defiende? ¡Qué violenta! ¡Pónganle cabecita, no se calienten! ¡Otro toque, otro toque!

 

Primera mitad del juego. Entre múltiples faltas y varias cambios de alebrestados jugadores, el partido transcurre en una angustia que tiene presos a propios y extraños. Las porras no cesan ni por un momento. Los pases vuelan y los tiros al marco solo pegan en el travesaño, lo que desespera a los participantes. El gol no llega, mientras que la reflexión golpea al escribiente mientras un jugador en la banca abraza a otro por la espalda.

 

Sin espacio para duda, existe un largo camino por delante para poder conseguir un entorno futbolístico libre de LGBT+fobia. Hasta el momento, ningún jugador de futbol mexicano ha manifestado su homosexualidad, y es en contadas ocasiones que se habla de esta problemática en nuestro futbol. Casos como el de Martín Canteruccio y Javier Salas condenaron a jugadores de prometedor futuro del club Cruz Azul a la banca, por el simple señalamiento de homosexualidad. Declararse abiertamente parte de la Comunidad LGBTQI en el futbol pareciera un acto de valentía. Parece que se olvida que el talento deportivo no está relacionado de ninguna manera con la preferencia sexual o la identidad de género.

 

Segunda mitad. Es un juego pesado es el que se aquí se vive. Se escucha una voz que confirma: “Está tenso el juego, ¿No?” pues a cada gol que un equipo mete, es respondido con otro. Finalmente, uno logra imponerse por un gol mágicamente trazado desde más de media cancha que deja impávidos a todos. Ganan con un marcador de 7 a 6.

 

Entre ovaciones y elogios, les entregan el trofeo de primer lugar. Múltiples fotos y festejos. Alguien pregunta: “Y de aquí, ¿A dónde?”.

 

Texto por Guido Astolfi. 

 

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