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Añejo futuro caduco

Fotografía por Georgie Pauwels

La mañana que comenzó todo, Sania regresaba a la Base; cargaba esta vez un cuerpo voluptuoso, una rubia despampanante de ojos azules y cabello hasta la cintura. Un prototipo no tan común después de la Treceava Guerrilla del año 5321, en la cual, cientos de dichos modelos similares atacaron a una comunidad latina que se refugiaba del régimen Norte 4. Sin embargo, esa noche Sania tuvo suerte y cayeron en sus redes cinco clientes que pagaron un poco más después de las caricias; la Zona Este de la ciudad garantizaba que ese prototipo fuera aceptado por cuestiones de racismo, por más que se aclamara la ley de LSC -Libertad Sin Color– una rubia sin prejuicios y soltura corporal era recibida con énfasis. 

Sania originalmente era de tonalidad sepia, su incubación concluyó sin éxito y los tonos se encontraban opacos, casi sin vida, esto la hizo insegura de sí misma durante los estudios, y víctima de ataques diversos. Los “bulleadores” eran sometidos a castigos rigurosos con trabajo de voluntariado en el sanatorio de los post guerrilleros, esos que contaban historias de atardeceres ocre, banderas separatistas, fotografías estáticas y la “sobre-población”, nadie quería pasar tiempo con los pre-fallecidos que palabreaban cosas que ya no existían. Aún así, los atacantes salían victoriosos de sus castigos a seguir molestando a la niña pálida. 

Conforme pasaron los años la situación no mejoró para Sania, hasta el momento que leyó en los fotogramas que se había cambiado con éxito la mente de un hombre de un cuerpo a otro; el hallazgo no tardó en expandirse a través del mundo, logrando en muchas ocasiones robos de identidad innecesarios y tráfico de cuerpos, por ello, una larga lista de trámites se hizo necesaria para hacerse merecedor de la Transferencia Mental. 

Uno de los gremios que solicitó con mayor ahínco el procedimiento fueron las trabajadoras sexuales quienes vieron la oportunidad de satisfacer a más clientes y obtener la remuneración necesaria para mantener la licencia. En el año 4727 la prostitución se consideró legal, por lo cual pudo continuarse ejerciendo siempre y cuando se cumplieran normas de higiene y sin fin de papeleo. Con la Transferencia Mental se logró mantener la identidad de la o el trabajador sexual en el anonimato; muchos optaron por dedicarse a la profesión más vieja de la historia, entre ellos, Sania. 

Contando con la mayoría de edad para elegir oficio (24 años) acudió a presentar sus papeles al Comité de Trabajo Sexual Legal en Zonas Este y Norte, y tras un año de evaluaciones, preparación y más documentación, realizó su primera transferencia a los 25 años. Eligió un cuerpo de tez morena con ojos verdes y cabello ondulado, después del procedimiento se levantó apoyada por la Especialista y se miró al espejo; era perfecta. Esa tarde completó sus primeros tres clientes y regresó a la clínica satisfecha a recuperar su cuerpo inmaculado. 

Habían pasado cuatro años tras esa primera experiencia y ahora, con ese prototipo voluptuoso, reflexionaba qué usaría la noche siguiente cuando en su camino se cruzó una joven, pequeña, de piel morena y de enormes ojos verdes que se dirigieron hacia Sania. 

– Disculpe – la intervino- ¿sabe dónde queda la Calle Salestre? 

Por un momento Ania se sorprendió por el parecido de esa joven con su primer prototipo, pero recuperó rápidamente el aplomo y contestó señalándole el mismo camino de la Base que le fue asignada para las Transferencias Mentales. 

– Venga conmigo, voy hacía la misma calle. 

La joven asintió y comenzó a caminar al lado de Sania. 

– Me llamó Parted, mucho gusto – dijo la joven al tiempo que se acomodaba el cabello negro.  

– Nicole – contestó Sania sorprendida por la familiaridad con que se le había confiado un nombre. Las identidades solían tardar en darse a conocer y este gesto se le hizo inusitado. 

– ¿Trabaja por aquí, Nicole? 

– Más o menos – contestó. 

Y fue todo. Siguieron caminando en silencio, Parted con la mirada gacha y Sania sorprendida ya no sólo por el parecido, sino por la belleza de la joven, una belleza natural. Quiso decir algo más pero un extraño nerviosismo se había apoderado de su cuerpo. 

– Aquí es – señaló Sania.

– En verdad se lo agradezco mucho- respondió Parted haciendo un gesto con la cabeza y sonriendo ampliamente. -Fue un gusto andar a su lado- dijo en voz baja y siguió caminando. Llegó a una puerta en la misma calle, tocó y antes de entrar volteó para ofrecer una mirada pícara a Sania.

Esa noche, Sania no pudo dejar de pensar en la joven de ojos verdes y siguió pensando en ella muchas noches más, ya que la encontraba siempre al regresar a la Base. Como los prototipos no siempre eran los mismos, Parted la ignoraba a su paso y solamente cuando portaba el prototipo de Nicole era saludada efusivamente. En muchos de esos encuentros, Parted iba acompañada por jóvenes apuestos, los cuales se perdían en la puerta de la casa de la calle Salestre. Cuando esto sucedía, Sania notaba que la tristeza la dominaba y eran noches de insomnio imaginándose a la joven siendo atacada sexualmente por cada uno de esos tipos. 

Sania no entendía el por qué de esa obsesión. Había escuchado que hacía algunos siglos la humanidad cedió a los impulsos lésbicos y homosexuales, y por ello, la población mundial disminuyó abruptamente, haciendo que científicos temieran por la desaparición de la especie. Con ese argumento, muchos fueron asesinados colectivamente y se castigó a los que decidieran seguir con esas preferencias. Pero la historia también declaraba que ese “mal” había sido aniquilado con el último homosexual caducado por lo cual no entendía por qué ella podía verse afectada ahora. 

Decidió no hablar con nadie del asunto y continuar su trabajo entendiendo que no había forma alguna de poder acercarse más a Parted sin levantar sospechas sobre sus recientes inclinaciones, las cuales seguían siendo penadas. Solo tenía una opción, debía hacer una transferencia hacia un cuerpo masculino ¿pero cómo? Las sanciones habían logrado que el temor a realizar Transferencias Ilegales aumentara y los pocos casos que llegaban a conocerse eran fraudes para tráfico de cuerpos. 

Con el prototipo de una pelirroja delgada, Sania se dirigió una madrugada a la calle Maquial. Uno de sus amantes le había comentado en lo que ella condujo como una plática coloquial, que sabía que en dicha calle se efectuaban transferencias ilegales, siempre y cuando se tuviera la cantidad exacta; Sania llegó a la calle y a la segunda persona interrogada le sacó la dirección del Especialista. La cantidad, sí exhorbitante, no era algo que Sania no pudiera cubrir, así que sin más, hizo su cita para el día siguiente. 

Esa noche Sania regresó a la calle Maquial, con la cantidad exacta para pagar los servicios; el miedo le controlaba el cuerpo pero también la emoción de poder acercarse a Parted. Le había dejado una nota en la casa de la calle Salestre invitándola a una cita a ciegas y esperando que acudiera, se recostó, cerró los ojos y cuándo los abrió, contempló sus manos masculinas, el prototipo era perfecto para la ocasión. Salió del establecimiento aún un poco mareada -o mareado- y se dirigió a la dirección de la cita. 

A lo lejos pudo vislumbrar a Parted, a la expectativa con sus ojos verdes abiertos de par en par, pero cuando se posaron en Sania fue sólo para ver cómo era sometida por las autoridades. 

– ¡Parted! – alcanzó a gritar. Esta lo miró extrañada y fue lo último que vio antes de ser sedada. 

Cuando Sania abrió los ojos, se encontraba ya en su cuerpo pálido, encerrada en una habitación con una cama, una silla, y un cristal que le permitía ser observada. La noche que fue capturada, había sido descubierto el establecimiento en la calle Maquial y fueron atrapados trabajadores, especialistas y personas que en ese momento se encontraban realizando una transferencia de forma ilegal. Sania no quería imaginar la cantidad de cargos en su contra que debía tener; en ese momento la puerta se abrió y Parted se asomó. 

– Tienes diez minutos – dijo el guardia. 

Parted se acercó. 

– Eras mujer. – Afirmó Parted.

– Sí – dijo Sania.

– ¿Me deseas? 

– Más que eso – contestó Sania, ya nada tenía que perder, sabía que iba a ser encerrada de por vida o tal vez le practicarían algún método de caducación

– ¿De dónde te conozco? 

– Soy Nicole – y volteó a verla. Los grandes ojos verdes de Parted que la miraban compasivamente se abrieron aún más cuando supo de quién se trataba. 

Parted se levantó de la silla, observó a Sania y se acercó para darle un beso en la mejilla. Antes de alejarse Parted le murmuró algo al oído. “Me gustan rubias, perdón” y se dirigió a la puerta de la celda. 

Esa tarde, mientras aparecía el fotograma con su sentencia, Sania pensaba una sola cosa; “Con o sin Transferencia Mental, el mundo seguía siendo la misma mierda” Sonrió e ignoró por completo el método de caducación.

 


Sabeth Martínez – Tesista eterna de la UCSJ, estudiante de Letras Hispánicas en la UNAM, trabaja como investigadora de proyectos independientes, como profesora de danza y coreógrafa de un grupo de pollitos inquietos. Primer lugar en el III Torneo de Historia Mínimas “José Mayoral” 2018 y Mención Honorífica en el 2019, sabe que no va a salvar al mundo pero sigue separando la basura en orgánica e inorgánica.

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